El flamenco con su ritmo y sensualidad hace saltar el corazón y mover los pies al compás del zapateo aunque se esté sentado. El grupo de la tercera edad en primera fila con las gafas bien ajustadas, no se perdía detalle del espectáculo. Sobre todo, cuando salía la mujer más entrada en carnes con el vestido marcando pecho y contoneando las caderas. Pero las mujeres tampoco le quitaban ojo al mozo que bailaba con las bailadoras y secretamente deseaban tener unos años menos y ser ellas las protagonistas de esos bailes en lo que los bailarines se rozan y saltan chispas de sensualidad por todas partes. El show de hoy, después de la cena en el hotel, rejuvenecía, aunque fuera en espíritu, a cualquiera.
Hoy, jueves diez de noviembre, durante el día, hemos estado visitando la Alhambra de Granada, que en árabe significa “la roja” por el color de su ladrillo. Estaba majestuosa con el fondo blanco de Sierra Nevada. Personalmente, lo que más me ha gustado ha sido el Generalife con sus jardines, jugando con el agua y el verde de los cipreses. Porque la Alhambra es un conjunto de construcciones y palacios dentro de un mismo recinto amurallado, siendo de mayor importancia: la Alcazaba, los Palacios Nazaríes, el Partal y el Generalife.
Y lo mejor del día, ha sido pasear con este tiempo estupendo, sentir el olor del boj, de los rosales, las flores…el olor del verano. ¡Verano, no! Otoño, que estamos en noviembre. Hay que repetírselo mentalmente varias veces para no olvidarse. También ha sido interesante conocer los habitantes de la Alhambra, los gatos, que al igual que sus compañeros egipcios custodiaban las pirámides, éstos, de razas y colores distintos protegen la Alhambra. Pasean por el recinto, corren por los jardines conociendo cada entresijo, beben agua de sus estanques y algún que otro pez naranja de los que allí tranquilamente nadan, también deben pescar; les piden comida a los turistas en la plaza de la Alcazaba y, a veces, se quedan quietos cual esfinges junto a algún monumento y entonces, el grupo de turistas asiáticos que pasa por allí se pone a hacerles fotos como locos. Sí, los gatos son un elemento presente en la Alhambra para deleite de mi novio que le encantan. Sin embargo, sus intentos de acercarse a alguno de ellos han sido fallidos, pues todos huían de él.
Los Palacios Nazaríes, son quizás los más famosos y conocidos de la Alhambra y es que son increíbles en cuanto a mosaicos, arcos y todo lo que el arte mudéjar nos pueda deparar. Eso sí, yo no paraba de pensar “y ¿qué pondrá aquí?” Pues las paredes estaban llenas de frases o palabras (no se sabe cuándo empieza o termina una oración) escritas en árabe con esas letras curvas que se alejan de nuestro abecedario y que tienen formas delicadas, bonitas y un tanto artísticas para la vista. “Sería divertido aprender árabe” pensaba mientras observaba y fotografiaba las inscripciones.
Antes de entrar a la Alhambra, porque teníamos la visita por la tarde, hemos paseado por la ciudad y comido unas tapas. Y si algo destacaría, sería visitar la Alhambra por la tarde, pero con el horario de verano en el que hay más horas de luz y da más tiempo para pasear y disfrutar de sus jardines con tranquilidad y descubrir sus secretos, como encontrar algún granado cuyo fruto da nombre a la ciudad. También coger el minibús número 32 que va desde la Alhambra hasta el mirador de San Nicolás, donde se puede contemplar la Alhambra en toda su plenitud. Nosotros lo hicimos por la noche y este fue el resultado con un cámara digital normal:
Y por último, mencionar las tiendas de artesanía, cerámica y de guitarras en las calles que suben de la ciudad a la Alhambra. Porque “éto e Andalusía, quillo” y aquí se toca la guitarra.





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