Desde finales de noviembre hay un nuevo miembro en nuestra
pequeña familia. Se trata de un cachorro de Cavalier King Charles. Escogí al
final esta raza por ser familiar, amigo de los niños y sobre todo por su
tamaño. Es un perro que no llega a los diez kilos de peso, por lo que puedo
llevármelo conmigo fácilmente en el avión, a mis pies, cada vez que voy a
España a ver a la familia. Si no hubiera sido por esta premisa de viajar a
menudo, hubiera adoptado un galgo, pues me parecen perros estupendos, que
desgraciadamente no suelen tener mucha suerte en la vida.
Antes de decidirme a comprar, estuve mirando perreras tanto
en Suiza, en Alemania como también en España. Pero la mayoría de los perros
suelen ser grandes. El tamaño era algo muy importante en la decisión. Y los de
tamaño pequeño, como podría ser un chihuahua o mezcla, ya eran adultos, a la
vez que escasos. Y pensé que sería mejor acostumbrar a un cachorro a viajar que
intentarlo con un perro adulto del que no conoces sus miedos. Además, hablando
de perreras, en Suiza y Alemania, adoptar un perro puede costar entre 200 y 400
euros, depende del tipo de animal.
La decisión no obstante, no podría haber sido más acertada.
Porque nuestra “Queenie”, así se llama, ya ha volado por navidad ida y vuelta a
España sin importarle si despegábamos o aterrizábamos, algo a lo que yo misma
no consigo acostumbrarme. Pero antes de tener un perro en Suiza, cuidado, hay
que hacer un curso teórico. Además de que en el ayuntamiento de cada localidad
hay folletos de todo tipo explicando qué hay que hacer cuando decides tener un
perro, dónde tienes que registrarlo etc. Incluso he visto folletos para niños
narrados como un pequeño cuento para que aprendan como tratar con perros. Sobre
todo información que no falte. En Alemania lo del curso teórico no existe, pero
sí que hay “Welpengruppen”: grupos de cachorros. Una escuela canina organiza un
día y una hora para que vayas con tu cachorro. Los pequeños juegan, se
relacionan con sus congéneres y el adiestrador propone pequeños ejercicios de
sociabilización y resuelve dudas a las nuevos dueños.
Y es que la sociabilización, según parece, es muy importante
hasta que el perro tiene 16 semanas de vida. Nosotros recogimos nuestro perro
con 9 semanas. Y desde las 9 a las 16 semanas, ha sido el momento clave para
que aprendiera a convivir con todo tipo de gente y a estar en todo tipo de
sitios, la sociabilización. Quiero decir, que nos lo hemos llevado a todas
partes. Ha estado en correos, en el banco, en restaurantes y cafeterías, en tiendas, en el
mercadillo de navidad, en aeropuertos, en el autobús, en tren, en coche,
conmigo en el trabajo debajo de la mesa de la oficina roncando, en el parque
viendo los animales que hay (burros, cabras, gallinas, cerdo, ovejas), en casa
de mis padres con el perro que tienen de 12 años, en casa de los padres de mi
novio rodeada de niños de todas las edades, en un pabellón polideportivo, en el
centro comercial… Porque en Alemania se puede entrar con el perro a todas
partes, excepto al supermercado. En Suiza también, quizás no son tan
exageradamente permisivos como los alemanes, pero al menos, en el tren, debido
a su tamaño, si va dentro de una bolsa de transporte no tiene que pagar
billete. Lo que es una ventaja, si pensamos que para meter la bicicleta dentro
del tren sí que hay que pagar. Algo de lo que me di cuenta después de pasar
todo un verano yendo en tren a trabajar con la bici, metiéndola a la ida en el vagón para volver a
casa pedaleando.
Y ahora, en cuanto Queenie cumpla los seis meses, haremos el
curso práctico que también es obligatorio, donde se practicará ir con la correa
sin tirar, a obedecer y venir cuando la llamas y ya veremos qué más. De
momento, ya sabe que con la palabra “sitz” debe sentarse, con “komm” venir,
aunque también responde a silbidos, para no tener que ir gritando por el parque
y estoy intentando que aprenda a tumbarse a la orden de “platz” lo que le está
costando y sólo lo hace cuando ve mi mano en el suelo y espera recibir un
premio.
La verdad es que Queenie a estas alturas de nuestra
convivencia si no es ya trilingüe, debe estar muy confusa. Los comandos
principales se los digo en alemán para que no tenga problemas en la “escuela”, pero
palabras como “vamos” o “toma” las conoce en español. A veces incluso me
descubro a mí misma hablándole en inglés, y me mira moviendo el rabo de un lado
a otro con cara de indiferencia, pues el premio, al final, es lo más importante.