España en la semifinal de la Eurocopa 2012


A las nueve de la tarde del miércoles 27 de junio estaban las calles de Constanza vacías, en silencio, sin tráfico y sin peatones. El único murmullo que se escuchaba era el de los televisores de las terrazas de los bares. La imagen era la misma en todos ellos, el partido de la Eurocopa, la semifinal entre España y Portugal. Todavía iban cero a cero, pude ir viendo mientras llegaba a casa. Mi paso era rápido. “Si no oyes gritos, quiere decir que ninguno de los dos equipos ha marcado gol”- me decía a mi misma en el último tramo de mi recorrido. “Ya llego…, ya queda poco…” me repetía casi con la lengua fuera. “Pero ¿desde cuándo te interesa a ti tanto el fútbol?” me decía otra voz en el interior. Es que se trataba de España y cuando uno vive en el extranjero estas cosas cobran de repente mayor importancia.

Seguían empatados a cero cuando por fin me senté en el sofá acompañada por mi novio (alemán) y mi hermano. Los ojos puestos sólo en aquel partido. Parecía que había que concentrarse en cada pase, en cada jugada, para que las cosas salieran bien. Otra vez me decía la voz “Isabel, te quedes mirando la pantalla fijamente o no, ellos van a seguir jugando y corriendo por ese verde césped de igual forma”. Y tenía razón, pero la tensión se hacía notar. Y esa tensión fue incrementando a medida que pasaban los minutos y el partido y posteriormente la prorroga se terminaban con un cero a cero. Media España se debía de estar mordiendo las uñas cuando empezaron los penaltis. Y no era para menos, pues hasta el último momento se mantuvo la incertidumbre. El quinto penalti tirado por Fábregas consiguió el estallido de la grada, del banquillo y la maldición del equipo contrario, y eso que al principio parecía que iba fuera al dar en el palo y rebotar dentro.

Estábamos en la final por tercera vez consecutiva, habíamos batido un record. “¿Y por qué dices nosotros, si tu ni siquiera has jugado?” me decía la voz a la que ya no hice caso. Se oían pitidos de coches que recorrían las calles. Y la alegría a las doce de la noche era desmesurada.

Ya sólo me queda desear lo mejor al equipo para la final. 






¡Ánimo España!










Posdata: los alemanes están deseando clasificarse para jugar contra España y poder tomar la revancha de las dos veces anteriores que los desclasificamos.

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